Hace mucho tiempo, bueno en realidad hace como cuatro años, yo esperaba con ansias irme de mi casa hacia otros lados del mundo y tal vez lo hacía con el afán de salir, de olvidarme de los problemas de vivir mi vida de no saber de nadie más que de mí y mi carrera, las comunicaciones, mi gran pasión.
Hoy estoy en mi cuarto años de la universidad y después de haber pasado por tantas cosas aquí en la gran Lima, tengo la necesidad de volver, volver a bañarme en el río, volver a treparme a los árboles, volver a comer esa comida tan rica que hacen en mi casa, volver a sentir la voz de mi madre y volver a pelearme con mis grandes “enemigas”: Mis hermanas.
En esas ansias de vivir mi vida, durante vacaciones siempre decía: Pucha, ya quiero que empiecen mis clases para irme a Lima. Y mi prima siempre me decía: Yo, por el contrario, no quiero que terminen las vacaciones, no me quiero ir todavía. Y yo más tonta siempre pensaba para mis adentros: Ay que tontos que son, ¿no se aburrirán de estar todo el tiempo aquí?
El tiempo ha ido pasando, y creo yo, que he madurado un poco más, y he comprendido que a pesar de todas las cosas horribles que uno haya pensado, la familia (y con esto me refiero específicamente a mi madre, mi padre y mis hermanas) nunca falta en los momentos más difíciles, cuando uno se siente a punto de morir, cuando vives lejos y te escondes en el baño para que no te vean llorar o cuando te escudas en la oscuridad de la noche para que puedas sufrir a gusto, ahí siempre está la familia, aunque sea en el recuerdo ahí siempre están.
La verdad he tenido muchos de aquellos momentos, y he tenido tantas ganas de votar la toalla y largarme y no regresar nunca más, pero justo ahí aparece la voz de mi mama que (aunque me lo dijo una sola vez en mi vida) me alienta a seguir adelante, porque el esfuerzo que hacemos no es por las puras y todo sacrificio rendirá sus frutos en el futuro. No puedo darme por vencida así tan fácil y aunque me considero una persona con mucha fuerza, siempre es bueno recargarse un poco.
Acaba de pasar el día de la madre y me siento tan bien aquí en Pisco, con mi familia, tranquila, ¿con preocupaciones? Sí, pero muy tranquila. Mañana llegaré recargada a Lima, me estresare y volveré a esconderme para llorar, pero sé que al final no me dejaré vencer y sé también, que siempre tendré un lugar a donde volver.